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Jul 2011 11

La inseguridad ciudadana

08 DE JULIO DE 2011

Sin duda la violencia generada por los grupos armados al margen de la ley sigue siendo la causa de muchos de los males del país y la que provoca los titulares de los medios de comunicación, como sucedió recientemente con el aleve asesinado del coronel  de policía en Antioquia o los ataques a la población civil en el Cauca. Al mismo tiempo la cacería desatada contra Alfonso Cano se roba la atención de la opinión pública nacional y seguramente en poco tiempo nuestras fuerzas armadas lograran su propósito y nuevamente los colombianos celebraremos la caída de otro comandante subversivo porque las Farc se han ganado justificadamente el rechazo de la inmensa mayoría del pueblo, que no entiende la contradicción entre sus supuestos ideales de justicia social y la realidad de sus métodos terroristas.

Sin embargo, si nos detenemos a analizar más a fondo la violencia colombiana en los últimos años, encontraremos que cada vez son menos las victimas generadas por esta guerra de guerrillas y muchas más las que son causadas por el narcotráfico, la delincuencia común y las bandas criminales que azotan especialmente a nuestros grandes centros urbanos. Y por ello en la medida en que las características y orígenes de la violencia cambian se requiere igualmente que se modifiquen las estrategias de nuestras autoridades para combatirlas. Y que las prioridades se redefinan. Obviamente se debe seguir combatiendo con decisión y fortaleza a las Farc, pero al mismo tiempo necesitamos con urgencia una política nacional de seguridad ciudadana que enfrente la nueva criminalidad en las grandes capitales del país y que no deje solo en manos de los alcaldes y las autoridades locales una batalla muy difícil de librar.


Los hechos ocurridos en el área metropolitana de Cúcuta las últimas semanas y las noticias que todos los días leemos sobre el crecimiento de homicidios, microtrafico de drogas, lesiones personales y atracos callejeros, así como luchas entre pandillas juveniles en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena, Pereira o Barranquilla, nos indican que las autoridades de policía están siendo desbordadas por los delincuentes y la percepción de los ciudadanos sobre su propia seguridad en las ciudades se deteriora. Paradójicamente hoy los habitantes de las grandes ciudades sienten que pueden salir de paseo en sus carros por las carreteras del país, pero dudan al tener que ir a la esquina de su casa de noche a comprar algo en la tienda del barrio. Medidas tan desesperadas como la de prohibir en las tiendas de Bogotá la venta de alcohol dizque para reducir los homicidios y riñas callejeras, demuestran la impotencia de las autoridades para confrontar con éxito estos nuevos fenómenos de inseguridad ciudadana.

La situación además no surgió ayer o al inicio de este gobierno como algunos nostálgicos del reciente pasado pretenden hacernos creer con su propaganda negra. Desde hace al menos cuatro años en distintos escenarios autoridades y expertos en estas materias de seguridad ciudadana advirtieron el crecimiento desmesurado de la inseguridad urbana y no se hizo mayor cosa. Este gobierno está intentando crear una estrategia nacional y parte de ella es el nuevo estatuto de seguridad expedido por el Congreso Nacional. Sin embargo solo con leyes y decretos no se podrá derrotar a estos grupos y se requiere una política integral que incluya un tratamiento más efectivo al problema de los reinsertados de los grupos paras y guerrilleros, así como una atención más eficaz a la numerosa población desplazada y despojada que huyo a nuestras urbes. Una aplicación exitosa de la ley de víctimas y restitución de tierras contribuirá en gran medida a reducir este grave conflicto urbano.


Cúcuta no es la excepción en este grave problema y los ciudadanos debemos exigir de quienes aspiran a dirigir los destinos de la ciudad un programa concreto, especifico y detallado, sin populismos ni lugares comunes, de lo que debe ser una política integral de seguridad ciudadana que incorpore elementos policivos, culturales y sociales que nos permitan, con el apoyo del gobierno nacional, enfrentar un grave flagelo que cada día nos azota con mayor fuerza en la frontera.

Basta con revisar las cifras y leer los titulares de La Opinión de estas semanas con las muertes violentas en los barrios de la ciudad y en Villa del Rosario  para constatar la gravedad de la situación. La lucha contra la criminalidad y el narcotráfico en la ciudad, junto con la solución al problema de la movilidad y el combate al desempleo y el subempleo, deben ser las prioridades de la próxima administración que elijamos los cucuteños.

Y a propósito, no será ya hora que el general Naranjo se instale en Cúcuta unos días a despachar, como lo ha hecho en otras grandes ciudades, a ver si de esta manera mejoramos los resultados en este frente.?. Necesitamos su ayuda y compromiso.

 

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Blog del Senador Juan Fernando Cristo

por

Juan Fernando Cristo Bustos

Viceministro Europa, Asia, África y Oceania, Cónsul General en Caracas, Consejero para las Comunicaciones, Embajador de Colombia ante el Gobierno de Grecia, Secretario Privado, Jefe de Comunicaciones

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