Por Andrés Felipe Villamizar Ortiz
Representante a la Cámara por Bogotá

 

El frenesí informativo que por estos días envuelve a Colombia ha desplazado de la agenda pública temas urgentes que aún nos quedan por resolver: las negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y finalizar el proceso de desmovilización y reconciliación con los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

 

Terminada la negociación de paz con esa guerrilla, preocupa la falta de interés en los debates que realizamos en el Congreso a las normas incluidas en el fast track, para  acelerar los procesos de implementación de lo acordado. También que no se mire con atención la histórica marcha final de más de 5.000 combatientes que pactaron con el Gobierno compromisos concretos para dejar atrás 50 años de violencia política. Pero más inquietante aún es que se instale, después de muchos años e intentos, la fase pública de negociaciones con el ELN y el asunto apenas sea mencionado en los titulares de los medios de comunicación del país.

 

Insisto en que la paz que se negoció con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la que se espera concretar con los elenos son dos procesos frágiles unidos por el mismo cordón umbilical: “la paz completa”. Forma con la que el Presidente Juan Manuel Santos bautizó esta nueva oportunidad. Los gestos gallardos que estábamos exigiendo los convencidos de que la reconciliación entre los colombianos es posible, se han dado: Odín Sánchez y el soldado Fredy Moreno Mahecha están en libertad; por su parte el Gobierno indultó a los guerrilleros Nixon Cobos y Leivis Enrique Valero. Hechos que permitieron que hoy ya sea oficial una negociación entre las partes en Ecuador.

 

Sentarse no es el fin del conflicto, pero si una señal cierta de que el rumbo tomado hace más de seis años con las FARC marca la ruta para cerrar la espiral de violencia en la Nación. Los últimos cinco gobiernos, desde distintas posiciones políticas, intentaron avanzar en ese propósito. Tal vez sea en esta ocasión, cuando ya el presidente Santos tiene el sol de su administración en la espalda, la coyuntura para que todos los partidos políticos pactemos dejar por fuera este proceso de los avatares de la campaña política que parece haberse adelantado. 

 

Es un hecho que la negociación será difícil, esta guerrilla dice no ser un representante del pueblo, sino su mediador y por eso insisten que es la sociedad la que debe negociar. Por eso, las partes acordaron trabajar en dos subcomisiones: una que diseñará la fórmula para que la sociedad participe y la otra que construirá la ruta de gestos humanitarios para establecer confianza. Signos claros de que el fortalecimiento de la democracia, la reconciliación y la participación son puntos en los que se puede avanzar y así desescalar el conflicto y abandonar definitivamente la práctica del secuestro en el territorio colombiano.

 

"Quiero creer que en esta oportunidad el ELN sí tiene la decisión de abandonar la violencia. Por nuestros hijos ojalá sea así", trinó el día de la instalación de la mesa el ministro Juan Fernando Cristo, cuyo padre fue asesinado por esa guerrilla en 1997. Mensaje de una víctima que nos alienta a mirar con esperanza lo que viene. Nuevamente, como Liberal y colombiano pongo a disposición de las partes y del país entero mi papel como Representante a la Cámara por Bogotá para que pronto se llegue a un acuerdo de paz con el ELN.