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Mar 2012 09

Carta Abierta al Presidente Santos

 

Domingo, 04 de Marzo de 2012 21:45

CONFLICTO, DROGA Y PAZ

Bogotá, D.C., marzo 5 de 2012

Señor Presidente de la República de Colombia

Dr. JUAN MANUEL SANTOS

 

Señor Presidente:

Dijo usted en el discurso de posesión el 7 de agosto de 2010: “La puerta del diálogo no está cerrada con llave”. Para fijar destinatarios de tales palabras, usted agregó: “A los grupos armados ilegales que invocan razones políticas y hoy hablan otra vez de diálogo y negociación, les digo que mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa”.

En diversos momentos y con énfasis distintos, ha reiterado usted el primer enunciado en lo que va corrido de su mandato. Recientemente en Florencia, al término de un Consejo de Seguridad, usted redundó sobre la misma imagen. Es cierto que en su intervención formuló una inquietante indicación: “El Gobierno no tiene en este momento ningún indicio, ninguna manifestación que nos pueda a nosotros convencer de la buena voluntad de la contraparte en materia de llegar a un acuerdo de paz. Por lo tanto, la acción de la fuerza Pública será contundente y seguirá siendo contundente sin ninguna contemplación”.

Nos ha estimulado a escribirle estas líneas el hecho de que usted no haya arriado la bandera de la reconciliación, pero también nos ha empujado a hacerlo ahora la Declaración Pública del Secretariado del Estado Mayor Central de las Farc, conocida por la opinión nacional el 26 de febrero pasado. Como a la inmensa mayoría del país, nos ha alegrado que a la liberación de los seis militares inicialmente anunciada se haya adicionado el nombre de cuatro más, así como la manifestación de agilizar por parte de la guerrilla las acciones de la liberación.

Por las implicaciones que a más largo plazo tiene, asumimos como importante novedad, de cara a la trayectoria de 48 años de las Farc, la decisión de proscribir el secuestro extorsivo y de abolir la llamada Ley 002 que establecía para la guerrilla una aberrante atribución fiscal y la escandalosa “institucionalización” de la amenaza del secuestro con fines extorsivos.

En la etapa actual del conflicto interno se hacen evidentes primordiales realidades: el avance decisivo de la acción contrainsurgente del Estado mediante la acción de la Fuerza Pública, la pérdida de la proyección estratégica de la guerrilla, la persistencia de estructuras organizadas de las guerrillas que operan en lógicas nacionales y producen diverso tipo de operaciones ofensivas. De este cuadro se desprenden coordenadas que de mantener su trayectoria hacen previsible la continuación del conflicto interno con la inevitable prolongación de sufrimiento humano, pérdida de vidas, destrucción material y envilecimiento de la guerra.

Ante tan sombría perspectiva creemos que sólo la audacia política, que no identificamos con inopinada temeridad, puede abrir caminos inéditos para la reconciliación. Creemos, Señor Presidente, que políticas como la que está induciendo la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, con las limitaciones que a nuestro juicio ella presenta, así como la decisión que hizo posible la acelerada normalización de las relaciones internacionales con los vecinos, son iniciativas cuya calidad quisiéramos ver dirigidas también a la búsqueda de superación del conflicto interno mediante el diseño de una política que permita conversaciones serias y claras con la insurgencia.

Cuando señalamos la necesidad de coraje y audacia, también en el campo de la reconciliación, somos conscientes de que en el país operan poderosos intereses de orden militar, económico y político que se benefician con la prolongación de la guerra. Allí está, al menos en parte, la fuente que alimenta la retórica belicista y la excitación a la revancha que cobran intensidad cuando se producen señales de distensión. Tal vez no sobre consignar aquí, para evitar juicios insidiosos, que nos inspira la idea de la instauración definitiva en Colombia del monopolio de la fuerza por parte de Estado, pero bajo la inamovible condición de que es el monopolio legítimo de la fuerza el que corresponde construir.

Quisiéramos rodear de optimista expectativa uno de los enunciados de la Declaración de las Farc aquí glosada: “Por nuestra parte consideramos que no caben más largas a la posibilidad de entablar conversaciones”. Diversas señales permiten pensar que está aflorando el sentimiento de que la prolongación de la guerra es un propósito que no tiene sentido, miradas las cosas desde el alto interés nacional.

Usted, señor Presidente, ha insistido con razón que se le permita al gobierno proceder en materia de conversaciones con independencia y cautela. Esa observación la entendemos cabalmente en el plano operativo que implican los contactos, las imprescindibles exploraciones. Con toda convicción asumimos la justeza de tal advertencia, pero al mismo tiempo reiteramos que los problemas emanados de un conflicto que cubre al menos un cuarto de la historia republicana del país no pueden asumirse por la ciudadanía como asunto privativo, o bien de las instituciones armadas, o bien como asunto del fuero presidencial. La búsqueda colectiva de la paz es quizás el objetivo nacional a la vez más incluyente y exaltante.

Comprometemos nuestra buena voluntad en coadyuvar a la construcción de un movimiento amplio por la paz en Colombia en la persuasión de que encontraremos también comprensión más allá de las fronteras del país, en pueblos y gobiernos que aspiran a que los conflictos se tramiten por los senderos civilizados de la controversia democrática, del respeto a los derechos humanos y a las normas del Derecho Internacional. Entendemos igualmente que la alusión contenida en la Declaración de las Farc a “un acuerdo de regularización de la confrontación” no tendría sentido alguno como figura pensada por fuera del contexto creado por el Derecho Internacional Humanitario. Para los analistas de conflictos, los cambios de lenguaje constituyen un síntoma y un paso fundamental para la búsqueda de la resolución negociada.

Estimamos la contribución modesta que podamos hacer a un movimiento de esa naturaleza, también como apoyo a su propósito expresado en circunstancias extraordinarias, con las palabras que introdujimos en la presente misiva y que ahora la cierran: “… mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia, y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa.”

Cordialmente,

 

 

Gabriel Izquierdo S.J.

 

Hernando Gómez Buendía

 

Guillermo Hoyos Vásquez

 

Daniel Pécaut

 

Socorro Ramírez

 

Adolfo Atehortúa Cruz

 

Alpher Rojas Carvajal

 

María Victoria Duque López

 

Medófilo Medina

 

Carlos Medina Gallego

 

Víctor Manuel Moncayo Cruz

 

Álvaro Villarraga Sarmiento

 

Alfredo Molano Bravo

 

Juan Tokatlían

 

Gabriel Rosas Vega

 

Alfredo Gómez-Müller

 

Gabriel Misas Arango

 

Francisco Cajiao

 

Humberto Molina

 

Francisco Leal Buitrago

 

Herbert "Tico" Braun

 

Rocío Londoño Botero

 

Marck Chernick

 

Mauricio Archila Neira

 

Jorge Acevedo Bohórquez

 

Héctor Fabio Cardona Gutiérrez

 

José Luis Villaveces

 

Humberto Vélez Ramírez

 

Iván Orozco Abad

 

Oscar Almario García

 

Edgar Velásquez Rivera

 

Olga Lucía González

 

Ana María Bidegain

 

Edgard Moncayo Jiménez

 

Ricardo Sánchez Ángel

 

Luis Emiro Valencia S.

 

Jairo Maya Betancourth

 

Fabio Velásquez Carrillo

 

William García Rodríguez

 

Javier Duque Daza

 

Iván Montenegro Trujillo

 

Ricardo Mosquera Mesa

 

Absalón Machado

 

Gustavo Castro Caycedo

 

Guillermo Rudas Lleras

 

Gustavo Páez Escobar

 

Camilo Cárdenas Giraldo

 

Juan Pablo Ruiz Soto

 

Rubén Darío Flórez

 

Oscar Collazos

 

Jaime Eduardo Jaramillo

 

Amylkar Acosta Medina

 

Rosalía Correa Young

 

Julio Silva Colmenares

 

Hugo Acero Velásquez

 

Libardo Espitia

 

Mauricio Rojas Rodríguez

 

Tatiana Rodríguez Maldonado

 

Fabio López de la Roche

 

Javier Guerrero Barón

 

Alberto Rojas Puyo

 

Miguel Eduardo Cárdenas

 

Santiago Colmenares

 

Julio Fierro Morales

 

María Antonia Garcés

 

Luis Fernando Restrepo

 

Piedad Ortega Valencia

 

Héctor Alonso Moreno Parra

 

Javier Guerrero Barón

 

Sergio Paolo Serrano de las Aguas

 

Nazih Richani

 

Miguel Ángel Urrego

 

Aimer Granados García

 

Nick Morgan

 

Jaime Barajas Ortíz

 

Carlos Vidales

 

Jahel Quiroga

 

Héctor "Tico" Pineda

 

Luis Fernando Medina Sierra

 

Rubén Sánchez David

 

Eduardo Fernández Arias

 

Jaime Tenjo Galarza

 

Hernando Llano Ángel

 

Víctor de Currea-Lugo

 

Manuel Guzmán Hennessey

 

Darío Londoño Gómez

 

Álvaro Delgado Guzmán

 

Jorge Andrés Hernández

 

Teófilo Vásquez

 

Luis Ignacio Sandoval Moreno

 

Fernando Medina

 

Camilo Jiménez Camargo

 

Carlos Zorro Sánchez

 

Gloria Ortega Pérez

 

Luis Eduardo Celis

 

María Patricia Duque López

 

Ciro Roldán Jaramillo

 

Mauricio Rojas Rodríguez

 

Alejandro Pino Calad

 

Mauricio Jaramillo Jassir

 

Luis Álvaro Pardo Becerra

 

Germán Ayala Osorio

 

Efraín Jaramillo Jaramillo

 

Óscar Murillo Ramírez

 

Germán Forero Laverde

 

Carlos Guzmán M.

 

Fernando Vásquez

 

Mauricio Puello B.

 

Óscar Vanegas Angarita

 

Francisco Cortés Rodas

 

Fredy Cante

 

Juan Guillermo Gómez García

 

Álvaro Javier Botero Cadavid

 

Luis H. Barreto

 

Iván Jaramillo Pérez

 

Fernando José Mosquera Zúñiga

 

Rodrigo Rojas Orozco

 

Farid Samir Benavides Vanegas

 

Delmiro Moreno

 

Juan Gregorio Vélez V.

 

Alejandro Álvarez Gallego

 

Lenin Flórez Gallego

 

Luis Horacio López

 

Rubén Darío Flórez

 

Andrés Soto

 

Hunza Vargas

 

Diego Otero Prada

 

Emilia Frost

 

Alonso Tobón García

 

Helena Villamizar

 

Luis Fernando Parra París

 

Adriana Lagos Zapata

 

Edgard Moncayo Jiménez

 

Gustavo Páez Escobar

 

Sandra Liliana Osses Rivera

 

Yolanda Puyana Villamizar

 

Juan Carlos Guerrero Bernal

 

Francisco Ortiz Gómez

 

Francisco Thoumi

 

Raúl Meléndez Acuña

 

Mario Hernández

 

Ismael Antonio Molina Giraldo

 

Verónica  Ramirez Montenegro

 

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Tags: Carta abierta Conflicto y Paz Economía Colombiana FARC Juan Manuel Santos Ley de Victimas Paz



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